La guerra por liderar el mercado de implantes cerebro-máquina ha comenzado. Una empresa China acaba de recibir una inversión millonaria que pone en peligro la supremacía de Musk
La compañía china NeuraMatrix acaba de anunciar una ampliación de capital multimillonaria que les permitirá sacar al mercado su interfaz de conexión entre cerebro y máquina. China se suma así a la carrera global que lidera Elon Musk para ser los primeros en sacar esta tecnología de los laboratorios y llevarla a la calle.
Según informa la web de tecnología china ‘CnTechPost’, la tecnología de NeuraMatrix es similar a la está desarrollando Musk con su Neuralink. Se trata también de un chip que se implanta en el cráneo y que sirve para comunicarse con las máquinas de manera inalámbrica.
‘CnTechPost’ afirma que el implante de NeuraMatrix tiene la misma precisión en la adquisición de señal que el de la compañía americana, aunque con un consumo menor de energía que le permite reducir el tamaño al usar una batería más pequeña. NeuraMatrix afirma que su transmisión inalámbrica usa la banda de frecuencia médica, una banda de radio reservada en exclusiva para usos médicos, en lugar de ‘bluetooth’. Esto permitiría una mayor transmisión de datos de la actividad cerebral.
La compañía china afirma que ya tiene acuerdos cerrados con varios hospitales de Pekín como el Tsinghua Changgeng, Sanbo Neurosurgical Hospital y el Tiantan Hospital, también especializado en enfermedades neurológicas.
NeuraMatrix está compuesta por científicos formados en el Max Planck Institut de Alemania y de la Universidad de Pensilvania en los Estados Unidos y, según el medio chino, acaba de recibir su primera gran inyección de capital por parte de la compañía de inversión Matrix Partners China. Con este dinero NeuraMatrix pretende arrancar la producción en masa de sus productos, que aseguran que verán la luz antes finales de este año, e invertir en nuevo talento para desarrollar nuevas tecnologías.
La lucha por conectar mente y máquina:
Las interfaces cerebro-máquina prometen cambiar la manera en la que nos comunicamos con la tecnología. En lugar de interactuar con nuestros aparatos como lo hacemos ahora —mediante teclados, pantallas o micrófonos que recogen nuestra voz— lo haríamos a través de un chip que recibe las señales bioeléctricas de nuestro cerebro y las transmite directamente a las máquinas. Ese chip se puede implantar en nuestro cuerpo mediante cirugía, estar en objetos externos como pulseras o anillos o una mezcla de los dos.
Las interfaces cerebro-máquina tienen una aplicación práctica muy clara en el campo médico porque ayudan a monitorizar nuestra actividad cerebral a tiempo real permitiendo el estudio de enfermedades neurológicas y su tratamiento. Musk ha llegado a describir Neuralink como “un fitbit en tu cráneo con cables pequeñitos”.
Para este escenario no queda mucho tiempo, tanto Neuralink como NeuraMatrix están ya cooperando con distintos hospitales para testar su tecnología. El escollo más importante será que pasen el filtro de las autoridades estatales, aunque la Food and Drug Administration americana ya está colaborando con Musk desde el pasado mes de julio.
Queda más tiempo, sin embargo, para que nos podamos comunicar telepáticamente con nuestros aparatos. El plan de Neuralink es que seamos capaces de interpretar las señales electromagnéticas de nuestro cerebro y con eso, ya no solo controlar máquinas, sino también curar parálisis, aumentar la sensibilidad de nuestros sentidos o convertir nuestro cerebro en un sistema de alta fidelidad capaz de reproducir canciones que le llegan vía ‘streaming’. Para Musk, esta tecnología será la única capaz de ampliar las capacidades mentales de los seres humanos y ofrecer una competencia real a las inteligencias artificiales que vienen.
El chip de Neuralink fue probado con éxito recientemente en un cerdo y la compañía de Musk trabaja a marchas forzadas para conseguir que el producto se produzca en masa. NeuraMatrix, está en ello también, pero no son los únicos competidores en esta carrera. En China mismo, una empresa del grupo Alibaba presentó otro dispositivo similar llamado Neurabuy que pretende aplicar esta tecnología para el comercio electrónico.
Facebook anunció recientemente que está trabajando en un dispositivo similar junto con la Universidad de California, San Francisco. A diferencia de los anteriores, no sería invasivo ni requeriría intervención quirúrgica. Según los investigadores, este dispositivo podría detectar las señales del cerebro que se producen cuando el individuo intenta hablar y con ellas controlar tecnologías como la realidad virtual o aumentada o, incluso, nuevos aparatos que ayuden a comunicarse a gente que ha perdido el habla.
Estos son solo unos pocos ejemplos del trabajo que se está haciendo en este campo, hay muchas más compañías y laboratorios repartidos por todo el mundo que están investigando esta tecnología en la actualidad. Se trata de un mercado global que en 2020 llegó a los 1.200 millones de euros y que se espera que supere de largo los tres mil millones de ingresos para 2030.
Llega poca información desde China sobre los avances del país asiático en este terreno, pero está claro que están apostando fuerte por este tipo de tecnologías y que la carrera por ser el primero va a ser intensa. Quedan muchos aspectos por resolver, hay cuestiones éticas y regulatorias que tienen que ser abordadas antes de que el uso de implantes neuronales se extienda de forma masiva, como advierte este artículo publicado en la revista ‘Nature’ el año pasado. No sabemos si terminaremos haciéndonos un agujero en el cráneo o si con una pulsera que se conecte con nuestra médula espinal será suficiente, pero parece claro que esta tecnología se terminará imponiendo antes o después y que la manera de relacionarnos con las máquinas será totalmente distinta de aquí unos pocos años.
Científicos chinos han creado un método que mejora la interacción entre los cerebros en miniatura creados en el laboratorio y los chips que usan robots y ordenadores para realizar sus tareas
Científicos chinos han desarrollado un robot con un cerebro artificial creado en el laboratorio que, en combinación con la inteligencia artificial, puede aprender a realizar diversas tareas. Los investigadores han integrado células cerebrales vivas en un chip gracias a un sistema de código abierto llamado MetaBOC que, según dicen, podría conducir al desarrollo de una nueva forma de computación similar a la del cerebro, pero más eficiente energéticamente que los ordenadores actuales. El objetivo final del proyecto, aseguran, es poder realojar células cerebrales humanas en cuerpos artificiales.
La bioinformática es una de las ramas más inquietantes de las tecnologías de computación. Lo que la hace posible es que al igual que los ordenadores, nuestras neuronas perciben el mundo y actúan sobre él usando el mismo lenguaje: las señales eléctricas. Las tecnologías brain on a chip (cerebro en un chip) cultivan grandes cantidades de células del cerebro humano en chips de silicio para que puedan recibir señales eléctricas de un ordenador, entender lo que significan y dar una respuesta.
El brain on chip desarrollado por los investigadores de la Universidad de Tianjin y la Universidad Meridional de Ciencia y Tecnología en China, combina una versión miniaturizada y simplificada de un órgano (organoide) creado con células madre humanas con un chip de interfaz neuronal para alimentar al robot y enseñarle a evitar obstáculos y agarrar objetos.
“Se trata de una tecnología que utiliza un ‘cerebro’ cultivado in vitro —como losorganoides cerebrales— unido a un chip de electrodos para formar un brain on chip«, que codifica y descodifica la retroalimentación de la estimulación, explicó el martes Ming Dong, vicepresidente de la Universidad de Tianjin, en declaraciones al diario estatal Science and Technology Daily recogidas por el South China Morning Post (SCMP).
Una inteligencia robot-humano:
La nueva tecnología ofrece un camino distinto a lo que busca Elon Musk con su Neuralink, una interfaz cerebro-máquina que pretende combinar las señales eléctricas del cerebro con la potencia de un ordenador. Un tipo de computación de vanguardia que plantea muchos problemas éticos y que según apunta el SCMP es una prioridad para Pekín actualmente.
Los investigadores chinos afirman que su investigación, publicada en la revista Brain de Oxford University Press y revisada por pares, puede conducir al desarrollo de una inteligencia híbrida humano-robot. Para construirla han usado organoides cerebrales fabricados a partir de células madre humanas pluripotentes que se encuentran en las primeras etapas de los embriones y que pueden convertirse en distintos tipos de tejidos. Cuando estas células se injertan en el cerebro, pueden establecer conexiones funcionales con el cerebro huésped, dicen los investigadores.
El equipo afirma haber desarrollado una técnica que utiliza ultrasonidos de baja intensidad que ayuda a los organoides a integrarse y crecer mejor dentro del cerebro. Las pruebas realizadas con ratones revelaron que cuando los injertos se tratan con ultrasonidos de baja intensidad se mejora la diferenciación de las células organoides en neuronas y mejora las redes que formaban con el cerebro huésped. «El trasplante de organoides cerebrales humanos a cerebros vivos es un método novedoso para avanzar en el desarrollo y la función de los organoides. Los injertos de organoides tienen un sistema de vasculatura funcional derivado del huésped y muestran una maduración avanzada», escribió el equipo. «Los trasplantes de organoides cerebrales se consideran una estrategia prometedora para restaurar la función cerebral mediante la sustitución de las neuronas perdidas y la reconstrucción de los circuitos neuronales».
El video fue grabado durante una intervención cerebral a un paciente que estaba despierto y que iba recitando una serie de números
Los investigadores de la compañía Precision Neuroscience han logrado capturar en imágenes cómo se forman los pensamientos en el cerebro a tiempo real. El equipo ha podido visualizar las señales eléctricas que producen las neuronas cuando una persona piensa o habla gracias a su implante cerebral que usa matrices de electrodos flexibles que se colocan en la superficie del cerebro. Esta tecnología puede ayudar a personas con parálisis a controlar ordenadores y «tener un trabajo de oficina», aseguran.
El vídeo se capturó durante uno de sus experimentos donde el equipo implantó estos electrodos en el cerebro de un hombre mientras se sometía a una cirugía para tratar una enfermedad. El paciente permaneció despierto durante la intervención, lo que permitió a los investigadores grabar la actividad de su cerebro mientras recitaba varios números.
El video resultante (del que pueden ver una versión en GIF bajo estas líneas) ha sido ralentizado 20 veces para hacer visible el proceso y muestra un mapa de la actividad eléctrica en el cerebro, donde los puntos rojos y naranjas indican un mayor voltaje y los azules y púrpuras uno menor.
Ben Rapoport, cofundador y director científico de Precision Neuroscience, describe este video como «la manifestación física del pensamiento», ya que muestra cómo se organizan las señales eléctricas en el cerebro durante la producción del habla. La capacidad de visualizar estos patrones abre nuevas posibilidades para entender cómo se forman los pensamientos y cómo podríamos decodificar las intenciones de una persona antes de que las exprese verbalmente.
Los investigadores creen que este avance tiene un gran potencial en el desarrollo de tecnologías que permitan a personas con parálisis o dificultades en la comunicación interactuar con el mundo a través del pensamiento. Aunque los electrodos de Precisión están aún en fase de prueba, principalmente en pacientes que ya requieren cirugía cerebral, los resultados obtenidos son prometedores.