De start-up clandestina a gigante bursátil: la odisea de Palantir Technologies

Autor: DR. Ricardo Petrissans

Profesional universitario con amplia experiencia en varios campos de actuación: en gestión de empresas, en desarrollo de personas, en actividad universitaria y en creación e ingeniería de proyectos de desarrollo profesional y de educación.

Los Señores de la Tecnología". | Tecnofeudalismo

16 Oct, 2025

16 Oct, 2025

Una crónica narrada.

Corría la primavera de 2003 en Palo Alto, y en el patio trasero de una casa victoriana se juntaban a diario cinco jóvenes con la sensación de que el mundo había cambiado para siempre tras el 11-S. Peter Thiel, recién salido de PayPal y fascinado por la obra de Tolkien, insistía en que la clave para prevenir el próximo atentado no estaba en desplegar más cámaras ni levantar muros, sino en hilar con paciencia la telaraña de datos que ya existía, aunque dispersa en mil silos incompatibles.

Sentados en torno a una mesa plegable —laptops abiertos, pizza fría, olor a pino californiano— Stephen Cohen garabateaba en la pizarra un grafo de nodos y aristas; Alex Karp, filósofo de verbo afilado, cuestionaba cada concepto en voz alta; Joe Lonsdale y Nathan Gettings jugaban al ajedrez con queries SQL como si fueran peones. 

El nombre de la empresa salió de boca de Thiel casi como una broma: “Palantir”, las piedras videntes de la Tierra Media. Todos asintieron entre risas, sin saber que aquella palabra acabaría cotizando en Wall Street.

El primer aliado secreto:

Los fundadores trabajaban a puerta cerrada. Les urgía diseñar un software capaz de integrar registros de vuelos, transcripciones de llamadas, transacciones bancarias y mensajes interceptados, todo con un nivel de auditoría que ahuyentara al fantasma del Gran Hermano.


Dos años después, una llamada de McLean cambió el rumbo de la historia: In-Q-Tel, el fondo de capital riesgo de la CIA, ofrecía financiación y —sobre todo— acceso a analistas de inteligencia reales, los únicos capaces de poner a prueba aquel experimento. A partir de 2005, los ingenieros de Palantir pasaron a codear dentro de cuartos cerrados donde los teléfonos quedaban fuera y las ventanas se cubrían con filme opaco. 

El reto era brutal: los datos clasificados no podían moverse de la red segura, pero el software tenía que evolucionar a diario. Esa presión dio a luz a una disciplina que la empresa aún exhibe con orgullo: “forward-deployed engineering”, desarrolladores que viven semanas, a veces meses, incrustados en la base del cliente.

Gotham, primer gran salto (2008):

En 2008 el producto obtenido de aquel diálogo permanente adoptó nombre propio: Gotham. 

Era una plataforma que dejaba al analista trazar conexiones con simples arrastrar-y-soltar, en lugar de escribir scripts interminables. Cada clic quedaba registrado; cada pedazo de información, etiquetado con su nivel de secreto. Lo que nació para cazar terroristas pronto empezó a resolver crímenes financieros y redes de trata de personas.

La fama corrió de pasillo en pasillo dentro de Washington. FBI, NSA, el Departamento de Defensa… Todos querían probar aquel software “hecho por frikis que entienden nuestros problemas”, como lo describió un coronel del Ejército en una audiencia de 2012. 

Ese mismo año, Palantir se atrevió a plantarle cara a Raytheon por un contrato de 250 millones de dólares. Contra todo pronóstico, los outsiders ganaron.

Un pie fuera del Estado: Foundry (2016):

Con la cuenta de clientes públicos en plena ebullición, Palantir se topó con una pregunta incómoda: ¿y el sector privado? Muchos empleados, hastiados de proyectos sensibles, ansiaban aplicar la tecnología a problemas mundanos: retrasos de fabricación, trazabilidad de fármacos, rutas de reparto. 

Así surgió Foundry, una especie de cabina de mando para empresas. Airbus lo adoptó para optimizar el mantenimiento de flotas; Merck lo usó para acortar ensayos clínicos; Ferrari, para leer telemetría en tiempo real.

La cultura, sin embargo, no cambió tanto: seguían enviando equipos enteros a vivir dentro de la planta del cliente, como si cada fábrica fuese una nueva base militar.

Las luces de Times Square (2020):

Diecisiete años después de aquella pizza fría en Palo Alto, Palantir dio el salto a la bolsa de Nueva York mediante un inusual direct listing

No hubo campanada en Nasdaq: Alex Karp optó por un discurso transmitido desde Colorado, con nieve hasta las rodillas, recordando que la empresa había tardado casi tanto en salir a bolsa como Apple en lanzar el iPhone.

El mercado, escéptico al principio, vio despegar la acción cuando empezaron a fichar contratos con retribuciones variables ligadas al ahorro que generaban; un modelo que gustaba a los CFO. 

En 2024 la compañía anunciaba su primer año completo de rentabilidad GAAP y presumía de 3 400 millones de dólares de caja, sin deuda relevante.

Apollo y las actualizaciones en submarinos:

Gestionar un software desplegado en servidores secretos, nubes públicas y… submarinos nucleares, es otro cantar. Esa es la razón última de Apollo, lanzado en 2021: un sistema nervioso que permite actualizar Gotham y Foundry sin apagar la máquina, incluso cuando la máquina está bajo el océano. Lo que en otras empresas es DevOps, aquí roza la logística militar de alto riesgo. Gracias a Apollo, 

Palantir selló contratos con la OTAN y con los servicios sanitarios británicos en plena pandemia, garantizando que cada cambio de versión pasaba por cuarentenas digitales antes de tocar un solo dato de un paciente.

El romance con la IA generativa:

Cuando los grandes modelos de lenguaje empezaron a acaparar titulares, Palantir decidió subirse a la ola con la Artificial Intelligence Platform (AIP). 

No prometieron chatbots cosméticos; vendieron algo más prosaico: hacer que los analistas pregunten en inglés y el sistema responda en SQL o Python, respetando cada nivel de clasificación. En 2023, un piloto con el Comando Central de EE. UU. permitió planificar rutas logísticas en segundos en lugar de horas. La prensa bautizó la hazaña como “GPT con botas militares”.

Sombras inevitables:

No todo ha sido gloria. Las demandas por discriminación de género, la participación en operaciones de deportación del Servicio de Inmigración (ICE) y las acusaciones de opacidad algorítmica en Europa mantienen a Palantir bajo la lupa. 

Alex Karp suele responder que “la neutralidad no existe; lo nuestro es escoger los clientes en quienes creemos”. Esa frase, aplaudida por unos y criticada por otros, resume el dilema ético de la compañía: ¿puede una pieza de software ser patriota y, al mismo tiempo, proteger las libertades de todos?

¿Qué se ve en la bola de cristal?:

Con un portafolio que aún depende un 55 % de contratos gubernamentales y una ambición declarada de convertirse en la “plataforma de datos soberana” de Occidente, Palantir navega entre dos mares: el del hipercrecimiento tecnológico y el de la supervisión regulatoria que piden Bruselas y Washington.


Si logra sostener ese equilibrio —y convencer al mundo de que sus piedras videntes no miran demasiado— su historia apenas estará empezando. 

De lo contrario, las mismas puertas que hoy se abren podrían cerrarse con estrépito. Por ahora, en los pasillos silenciosos de su cuartel general en Denver, los ingenieros siguen hilando grafos, confiados en que cada nuevo contrato confirme la intuición que nació en aquel patio trasero: que los datos, bien entrelazados, pueden inclinar la balanza de la seguridad sin romper el pacto tácito de la libertad.

Fuentes consultadas

  1. Palantir Technologies, Form 10-K 2024, U.S. SEC
  2. Carta a accionistas Q4 2024, investor.palantir.com
  3. Senate Armed Services Committee Hearing on DCGS-A Competition, 2012
  4. Wired, “Inside Palantir, Silicon Valley’s Most Secretive Company”, 2020
  5. Financial Times, “Palantir bets on Europe for AI growth”, 2 abr 2025
  6. The New York Times, “Palantir’s Work With ICE Raises Questions”, 14 jul 2019
  7. UK Parliament, Defence Committee Report on Military AI Procurement, 2023
  8. Airbus Press Room, “Airbus and Palantir Expand Skywise Partnership”, 8 jun 2024
Autor: DR. Ricardo Petrissans

Autor: DR. Ricardo Petrissans

Profesional universitario con amplia experiencia en varios campos de actuación: en gestión de empresas, en desarrollo de personas, en actividad universitaria y en creación e ingeniería de proyectos de desarrollo profesional y de educación.

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