Entre trincheras y despachos: Palantir al servicio del Estado

Autor: DR. Ricardo Petrissans

Profesional universitario con amplia experiencia en varios campos de actuación: en gestión de empresas, en desarrollo de personas, en actividad universitaria y en creación e ingeniería de proyectos de desarrollo profesional y de educación.

Estados y tecnología | Los Señores de la Tecnología".

25 Oct, 2025

25 Oct, 2025

Crónica narrativa de misiones, victorias y dilemas públicos

A bordo de un Hércules C-130 que sobrevuela la provincia de Helmand, un capitán de infantería hojea unos informes impresos a toda prisa. 

Cada página lleva un código QR: al escanearlo, su tableta abre un mapa donde los caminos polvorientos parpadean en rojo, amarillo o verde según la probabilidad de encontrar artefactos explosivos improvisados. 

Quien dota de color a esas rutas no viste uniforme; trabaja a miles de kilómetros, en un despacho anodino de Denver, y se conecta a la misma base de datos que alimenta a las tropas. Detrás de la pantalla hay una plataforma llamada Gotham y, detrás de Gotham, la incógnita de cuánto poder debe delegar un Estado en la puntuación algorítmica de la guerra.

El bautismo de fuego: Afganistán:

Los primeros contratos de Palantir con el Departamento de Defensa estadounidense parecían modestos: licencias piloto para que analistas forenses buscaran patrones en detonaciones de IED. 

En 2010, sin embargo, el comandante del 82.º Regimiento Aerotransportado pidió que se desplegara Gotham “en forward”, dentro de la base de Bagram. El resultado fue un sistema que, cada madrugada, ingería mensajes SIGACT, registros de patrulla y llamadas interceptadas para predecir dónde habría explosiones al amanecer.

Las predicciones no eran oráculos infalibles, pero obligaban a replantear rutas y horarios. Según un informe interno del Army TRADOC, las unidades que usaron Palantir redujeron sus bajas por IED un 25 % durante nueve meses consecutivos. Así, la plataforma se convirtió en parte del equipo estándar en Afganistán y luego en Irak: tan omnipresente como el chaleco antibalas, tan intangible como un rumor de radio.

Operaciones urbanas: de los callejones de Mosul a los barrios de Los Ángeles:

En 2016 la batalla por Mosul puso a prueba la elasticidad del software. Los soldados del Special Operations Joint Task Force etiquetaban vídeos de drones con nombres de calles; minutos después, otro operador, 8 000 kilómetros al oeste, podía superponer los clips sobre planos de alcantarillado turco-otomano. Gotham funcionaba como un “cerebro híbrido” que absorbía el caos de la ciudad vieja y lo devolvía en forma de rutas de avance con menor riesgo colateral.

Ese mismo año, a un océano de distancia, el Departamento de Policía de Los Ángeles empezó a utilizar la misma tecnología—ahora vestida con el discreto nombre de “LASER”—para identificar focos de violencia armada. El algoritmo construía “cajas calientes” de 150 × 150 metros y asignaba un puntaje de riesgo a individuos que, sin antecedentes graves, figuraban como posibles propagadores de delitos. El proyecto fue cancelado en 2020 tras críticas de la ACLU, pero dejó una pregunta zumbando en los despachos: ¿cuándo un arma de guerra puede llamarse herramienta de prevención comunitaria?

Inteligencia Inter agencias: la mesa oval de los jueves.

Al otro lado del Potomac, cada jueves a las 7 a. m. un grupo reducido de analistas se reúne en una sala alfombrada, libre de teléfonos. Allí, sobre una pantalla táctil de 90 pulgadas, desfila el mismo grafo que usaron los marines en Helmand y los detectives de homicidios en Chicago. 

Las capas se superponen: logística portuaria, flujos financieros, conversaciones interceptadas con orden judicial. Bajo el pulgar de un subsecretario, los nodos cambian de color al ritmo de los temas: narcotráfico, ciberataques, pandemias.

La leyenda reza “Powered by Palantir”. Sin embargo, la mayoría de quienes toman decisiones desconocen el código que prioriza una pista sobre otra. Confían en los briefings—y en el sello “auditado”—para convencer al Presidente de que un buque petrolero merece vigilancia aérea o de que una señal de ransomware proviene, en realidad, de un adolescente en su dormitorio.

NHS COVID-19 Data Store: la sanidad como ejercicio de seguridad nacional.

Abril de 2020: el Reino Unido agoniza en la primera ola de COVID-19. Hospitales al borde de su capacidad; stocks de respiradores cambiantes hora a hora. El Servicio Nacional de Salud firma un contrato de emergencia con Palantir para montar, en cuestión de días, el NHS Data Store.


El relato interno describe una guerra logística: ambulancias que comparten telemetría en tiempo real, fábricas que informan inventario de EPP, morgues que actualizan tasas de ocupación. Foundry—no Gotham, esta vez—integra todo en un panel donde cada punto rojo es una cama UCI libre o un cuello de botella inminente. Tres semanas después, el director de operaciones sanitarias declara que el sistema “probablemente salvó miles de vidas”. Los defensores de la privacidad replican que un salvavidas no justifica almacenar historiales clínicos en manos privadas. 

El contrato, renovado en 2022, continúa alimentando titulares y demandas de transparencia.

Vigilancia fronteriza y el fantasma de ICE:

En Estados Unidos, Palantir mantiene dos productos menos publicitados: FALCON-SA y FALCON-TIP. Ambos permiten al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) enlazar bases de datos de detención, registros de licencia de conducir y redes sociales para localizar a personas sospechosas de violar leyes migratorias.

Un reportaje del New York Times reveló que, entre 2017 y 2019, estos sistemas se usaron para planificar redadas masivas. Defensores de los derechos de los inmigrantes alegan que la herramienta convierte faltas administrativas en blanco prioritario de detención, confundiendo terrorismo y mera irregularidad. Palantir responde que sólo provee software y que el uso final recae en la política pública. El debate alcanza al Congreso: ¿es lícito que un algoritmo determine la urgencia de separar a un padre de familia de sus hijos?

Ucrania: guerra en alta resolución.

En febrero de 2022, mientras las tropas rusas cruzaban la frontera, un equipo de ingenieros de Palantir instaló nodos clasificados de Gotham para el Estado Mayor ucraniano. La plataforma absorbió imágenes satelitales comerciales, posts de Telegram y manifiestos ferroviarios hackeados.

Lo inédito fue la velocidad de fusión: en menos de 30 minutos, un vídeo de dron entraba en el sistema, se georreferenciaba y aparecía como “evidencia vinculada” a la ruta de un convoy. Oficiales ucranianos afirman que ese ciclo redujo el tiempo de respuesta de la artillería de horas a minutos. Moscú acusa a Occidente de “externalizar” su inteligencia a una compañía. Palantir guarda silencio, consciente de que su marca ya figura en publicaciones científicas sobre “guerra algorítmica”.

Transparencia vs. opacidad: el péndulo regulatorio.

En Bruselas, el proyecto de Reglamento de Inteligencia Artificial incluye un apartado sobre “sistemas de propósito general utilizados por fuerzas del orden”. 

Varias ONGs presionan para que Palantir caiga dentro de la categoría de “alto riesgo”, sujeta a auditorías de código y límites de exportación. 

La empresa contraargumenta: abrir por completo el motor expondría tácticas a adversarios. Entre la caja negra y el cristal total, la UE busca un punto medio donde los Estados confíen y los ciudadanos no teman.

Las audiencias son un teatro inesperado: programadores explican hashes y grafos a abogados que apenas dominan la jerga informática. Aun así, la decisión final—publicar o velar—marcará si Gotham y Foundry seguirán expandiéndose en Europa o si se toparán con un muro regulatorio tan firme como las fortalezas medievales que todavía salpican el continente.

¿Defensa o dependencia?

Con cada nuevo contrato, la empresa refuerza su rol de “infraestructura soberana de datos”: un concepto seductor para gobiernos que carecen de músculo tecnológico. 

Pero en los pasillos del Pentágono y de la OTAN surge una inquietud recurrente: ¿qué ocurre si Palantir sube precios, cambia de manos o decide no renovar licencias en mitad de una crisis? La dependencia estratégica—el famoso lock-in—no es sólo económica; es táctica.

Para mitigar el riesgo, algunos Estados desarrollan clones internos; otros exigen depósitos de código en escrow. Entretanto, Palantir firma acuerdos plurianuales que incluyen formación y herramientas “sin conexión” para calmar miedos. El equilibrio se mantiene, frágil, gracias a beneficios tangibles: menos bajas, logística más rápida, decisiones basadas en evidencia.

Bajo la lupa de la ética:

En 2023 un consorcio académico analizó 2 400 documentos judiciales y concluyó que los informes generados por Gotham se citan cada vez con mayor frecuencia como prueba en tribunales militares. ¿Implica eso que un algoritmo influye en la atribución de culpa? Palantir sostiene que su software es “lupa, no juez”. Sin embargo, la línea se difumina cuando un fiscal muestra al jurado un grafo multicolor que parece señalar la culpabilidad con trazos fluorescentes.

La empresa ha creado un “Consejo de Responsabilidad” que incluye filósofos y exjueces. Sus dictámenes son consultivos, jamás vinculantes. Los críticos los comparan con un comité de revisión interno de tabaco opinando sobre nicotina. 

La cuestión esencial permanece: ¿puede una corporación privada arbitrar su propio impacto en los derechos civiles?

Epílogo: la cinta de Moebius entre el frente y la casa:

Volvamos al capitán del Hércules. Al aterrizar en Camp Bastion, comprueba que la ruta sugerida evitó el IED que estalló a 300 metros de distancia. 

Horas más tarde, en Los Ángeles, un patrullero lee un informe que califica a un joven como “actor de riesgo moderado” porque su primo fue detenido en Compton. Y, esa misma noche, un médico británico encuentra una cama UCI gracias a un dashboard que se actualiza cada 15 segundos.

Tres historias, un mismo hilo conductor: Palantir convierte datos dispersos en mapas de acción. El beneficio es palpable; los riesgos, también. 

De aquí en adelante, la pregunta ya no es si el Estado usará la plataforma, sino en qué condiciones podrá seguir usándola sin comprometer el delicado pacto entre seguridad y libertad. En ese filo se escribe, en tiempo real, el próximo capítulo de una compañía que empezó rastreando terroristas y terminó gestionando pandemias.

Autor: DR. Ricardo Petrissans

Autor: DR. Ricardo Petrissans

Profesional universitario con amplia experiencia en varios campos de actuación: en gestión de empresas, en desarrollo de personas, en actividad universitaria y en creación e ingeniería de proyectos de desarrollo profesional y de educación.

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